martes, 14 de febrero de 2012

doña Junco


Anteayer murió doña Junco. Un día de sol horrendo. Me enteré por el Marco y pensé: la sala velatoria le va a quedar chicaza. Porque Doña Junco era bruja antes de nacer. La más cierta y famosa de la zona sur. Salía siempre en la revistita del barrio, arriba de las garrafas San Lorenzo.
El velatorio fue un quemo de gente, toda clientela de ella, y bueno, la gilada que nunca falta.
Toti, mi vecino de al fondo, se apareció con una pendeja que se come los mocos. Su ex, la Susi, también vino.
Les sabía encontrar en la casa de la Junco cuando yo iba a que me cure de las muelas. Se cansaron de ir por el Toti, gran joya el Toti, re manda más.
A veces coincidentemente estaban las dos en la sala de espera, así que se costeleteaban por el turno.
Se sentaban dándose la espalda, pero sin dejar de cogotear para atrás.
El turno siempre lo tenía primero la Susana, así que la pendeja le medía el reloj, y de acuerdo a eso ella estiraba la sesión. Si la Susi estaba una hora, la pendeja estaba dos, y así.
Doña Junco era una capa, tenía ojos de contacto artificiales y así y todo era vidente natural. Todo te veía en los naipes, aunque el don de ver, según ella, la visitaba solo algunos días del mes, y como se le embotellaba el gentío a toda hora en la puerta, decidió crear un método para hacernos saber si ese día había abierto el ojo. Sacaba el potus a la calle por sí, y la entraba por no.
Nos cobraba diez pesos la general, 30 la tirada de algo con argumento y cinco pesos más por año atrasado. Así que si le preguntabas por algo que pasó hacía diez años, te salía en total cien manguitos.
A veces, si no tenías el efectivo le podías pagar la mitad con vale lo nuestro, o traerle la vianda del Centro vecinal del pasaje 3 o completarle así, con plata y algo pala olla.
Los turnos se daban a partir de las 10 hasta las 6 de la tarde. Deciamos ayer que era cosa de la providencia esos números, ya que la doña murió a las 6 de la tarde y la enterraron a las 10 de la mañana.
Lo raro del velorio es que el ojo izquierdo jamás se le cerró, como una manifestación de que era una sapiente de veras, sobre todo del astral, y a pesar de que varias veces vinieron los de la funeraria a querer pegarlo, se volvía a abrir de una forma muy vívida.
A pesar que hizo grados en tarot y cartas arábes, ella veía todo con el maso corriente, así que se lo trajeron y se lo colocaron apretado a la mano derecha, la mas milagrosa de todas.
La Karla nos alentó de que cuando una bruja muy poderosa muere, el tercer ojo del conocimiento que lo tiene en la cabeza, salta como un botón y cae sobre alguien que ella elija durante el velorio.
Así que estuvimos atentos a cualquier reflejo de la vieja, y hasta Titina, la bruja del barrio de al frente no se despegó ni un solo minuto del cajón por ver si ligaba algo de arriba.
Doña Junco predijo muchas cosas importantes pero el que la catapulteó a la fama fue sin duda la muerte de Gary.
También, en los años ochenta prediccionó que una famosa cantante venida del Brasil sería un éxito y que iba a tener ocho bailarinas llamadas paquitas.
Al Leandro que es fanático de la música le dijo que Jimenez iba a llegar al disco ochenta, y que los Wawancó iban a tocar en Dean Funes, cuando todavía no había ni polideportivo.
Tenía sólo un hijo de crianza, el Victor Hugo, que es travestido desde chico. Estaba destrozadazo, vino en su fiat 600 color verde claro que ella le regaló. El auto se lo sacó a un gitano de tanto fiarle la tirada al cuero.
Victor Hugo corta el pelo, es alto, grandote y tiene permanente rubia hasta el hombro. Su compañero es flaquito como una escoba y toma agua sin gas. Del sol se quiso como desmayar pero rápido lo reacccionaron.
El pastor Rubén vino en su camioneta Hilux que parece una zandía, tiene el cartel pegado de que se vende, así que todos los intrusos copiaban el número.
Él dio un sermón muy lindo, habló del desprendimiento de lo terreno para la verdadera asunción. Y ahí caí que doña junco debía desprenderse de su ojo para poder estar en paz.
Después de la cerrada del cajón se hizo un silencio mutuo y salimos en procesión hasta la esquina de la gomería. Victor Hugo lloraba que daba cólico y la Titina vió como una pelotita brillante que salía para arriba de todos.
Más que seguro que era el ojo de la bruja,lo vimos varios...
cayó de una en la cabeza de Chipote, el loquito del barrio.

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